El barbas
En el bar de siempre, ese donde las servilletas tienen más historia que los libros de texto y la cafetera suena como si estuviera narrando una revolución pendiente, ocurrió un hallazgo digno de estudio sociológico… o de barra de bar, que viene siendo lo mismo pero con más espuma. Tres hombres compartían mesa. Uno, con barba épica, de esas que podrían albergar un ecosistema propio o al menos esconder un programa electoral entero sin que nadie lo encuentre. Otro, vestido con traje tradicional asturiano, impecable, como recién salido de una fiesta patronal donde la sidra corre más que los rumores. Y el tercero… bueno, el tercero era un señor que parecía haber llegado ahí por error administrativo. Nadie sabía quién era. —Ese hombre me suena —dijo el camarero, secando un vaso con la misma desgana con la que uno seca promesas electorales—, pero no caigo. El barbudo asentía, como si reflexionara profundamente sobre el precio del pan… o sobre si pedir otra ronda. El asturiano escanciaba s...