En plena Semana Santa, con tambores sonando y olor a incienso, alguien tuvo una idea revolucionaria: enviar a Isabel Díaz Ayuso a galeras. “A remar”, dijeron, “como el resto de mortales”.
Al principio todo iba bien: banco de madera, remo pesado, jornada larga… una experiencia de esas que no caben en un titular de “libertad”. Pero a las 48 horas ya había convocado una rueda de prensa en cubierta.
“Esto no son galeras, es un modelo ineficiente”, anunció. “Vamos a modernizarlo”.
En menos de una semana, las galeras pasaron a llamarse “experiencia náutica premium”. Los remeros ya no eran presos: eran “emprendedores del esfuerzo”, cada uno pagando su propio remo en cómodas cuotas. Si no podías remar, no era explotación… era falta de iniciativa.
Eso sí, ahora había opción VIP: por un módico precio podías dejar de remar… y ver cómo otros lo hacían por ti. Libertad, lo llaman.
“Y si después de todo aún no te convence la experiencia… no te preocupes: ya puedes entrenar desde casa.”
“Porque al final no hacía falta enviar a nadie a galeras… el modelo ya te lo puedes montar tú solo en el salón.
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